Tolle, lege por Andrés Trapiello

FUE el amigo José Blas Vega acaso el primer librero de viejo con el que sintonizamos de verdad, allá a mediados de los años setenta en su librería de la calle Espíritu Santo. Flamencólogo y erudito, resultó además uno de los libreros más considerados con nuestra pobretería y locura. Pepe Blas no ha podido ver publicado el libro en el que su hija, María José Blas Ruiz, ha venido trabajando desde hace siete años: Aguilar. Historia de una editorial. Las dos noticias, la tristísima de la muerte de su padre, y la venturosa de la publicación de este libro se han trenzado, como a menudo quiere la vida que suceda con penas y alegrías. De Pepe Blas y de su trayectoria como librero ha hablado uno otras veces con la mayor admiración, y con no menor admiración hemos de referirnos ahora al trabajo con el que María José Blas sigue los pasos de su padre en el no siempre agradecido terreno de la erudición.

Digámoslo ya: el libro, que edita su Librería del Prado y que se vende exclusivamente en ella, es tal vez el trabajo más cuidadoso, riguroso y exhaustivo que se haya publicado en España sobre una editorial de la importancia de Aguilar, aquella a la que caracterizaron el “papel fumadero” de sus más célebres colecciones (el adjetivo fumadero es de JRJ, a quien disgustaba esa clase de papel biblia que también se emplearía en sus primeras obras completas, editadas por el propio Aguilar), el aspecto clerical de algunas de sus encuadernaciones en piel y aquellos cortes estampados con anilinas folclóricas y decorativas, con aire de balalaika. Si nos referimos a sus contenidos, Aguilar fue una editorial ejemplar. No hay duda, desde el memorable Shakespeare de Astrana hasta las encantadoras Celias de Elena Fortún, pasando por las completas de Galdós, Dickens o Stendhal, Aguilar cimentó la pasión lectora de varias generaciones de españoles e hispanoamericanos.

Así lo recoge María José Blas en su estudio. Profusamente ilustrado y editado con el mayor esmero, se nos brinda en él la historia de don Manuel Aguilar, que es en parte la de la literatura española del siglo XX, tal y como nos dice su prologuista, el también erudito, bibliófilo y poeta Luis Alberto de Cuenca. Tolle, lege, el lema que puso don Manuel Aguilar en el sello de su editorial, fueron las misteriosas palabras que oyó en su interior San Agustín ante las cartas de San Pablo que precipitaron su conversión. Y Toma y lee le diríamos ahora de este a todo el que ame los libros. Aquí encontrará la historia de una ambiciosa editorial con la que la literatura y cultura españolas no podrá saldar nunca su deuda.

Publicado el 23 de diciembre en su blog Hemeroflexia: http://www.hemeroflexia.blogspot.com.es/2012/12/tolle-lege.html#comment-form

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