José Aguilar, el editor

Texto escrito por José Manuel Aguilar de Ben para este blog, coincidiendo con el centerario (11 febrero 1913) de su padre:

José Aguilar Samper, mi padre, nació en 1913, cuyo centenario se cumple este año, en Soneja, Castellón, donde mi abuelo era el maestro de la localidad. A los 10 años se traslado a Madrid con sus padres, cuando mi abuelo accedió a la cátedra, y estudio en el Instituto San Isidro. En ese instituto fue compañero suyo Santiago Carrillo, el que luego sería líder comunista y sustituto de la Pasionaria. Pero mi padre nunca fue muy ideológico. Tenía los pies muy en la tierra. Era un trabajador constante, muy cumplidor y algo severo con los suyos, y poco ágil para resolver situaciones de crisis.

Muy joven empezó a formarse como editor, junto a su tío Manuel. Fue a estudiar la industria editorial a Leipzig en Alemania, curiosamente en los años del despegue del nazismo. Muchas veces le pregunté por esos años, y siempre me dijo que el casi no se enteró de las turbulencias políticas, mas atento a aprender alemán, a aprender el oficio de editor, y a tener novias, alemanas y asiáticas al parecer, que casi hubiesen impedido mi posterior nacimiento. Estando allí, fue llamado a filas por el gobierno legítimo de la República para cumplir con el servicio militar. Estando cumpliéndolo se produjo el alzamiento militar del 36, y siguió en el bando de la República hasta el fin de la contienda, alcanzado el grado de mayor de estado mayor. Fue hecho preso en Cartagena, donde había rehusado embarcarse hacia Argelia como muchos de sus compañeros milicianos. Cumplió dos años de condena ilógica, pues el no se había revelado, pero lo fue por haber seguido en su puesto defendiendo a la legalidad de la República. Al salir se reincorporó a la Editorial. De la guerra, mi padre se quedó con un exaltado espíritu de compañerismo y un total rechazo a la política. El decía “zapatero a tus zapatos”. Era culto, le gustaban los chistes muy elaborados, hablaba bien varios idiomas, escribía muy bien, pero no era escritor, y mostraba cierto desapego como editor hacia los escritores y su “importancia”. Supongo que como el médico hacia sus enfermos ilustres.

José Aguilar

Durante la primavera de 1936, es decir entre la victoria del Frente Popular en España en febrero, y la victoria del Frente Popular en Francia en junio, mi padre conoció a mi madre, en las pistas de tenis de la calle O´Donnell de Madrid, donde mi madre, Rosa de Ben, (1915) acudió invitada por un amigo común, que no era otro de Emilio Sempere, nieto del editor Sempere de Valencia, donde se iniciara Manuel Aguilar con Vicente Blasco Ibañez. Hay una foto del día en que se conocieron que yo aprecio mucho. Tras la sublevación militar del 18 de julio, mi padre se fue al frente, y mi madre ejerció de madrina suya, visitándole ocasionalmente. Se casaron tres veces. Primero ante el mando superior de mi padre en el ejército, segundo por lo civil, y después de 1939 con el nuevo Estado, forzosamente por la Iglesia Católica. Vivieron más de 50 años en armonía. Mi madre, de espíritu más libre, y progresista, laica, agnóstica y moderna, le sobrevivió a mi padre 17 años, durante los cuales contó como toda la atención y dedicación que supe darla. Mi madre aportó el lado atlántico, celta, escocés, gallego, asturiano, además del madrileñismo del que hacia gran gala. El primer apellido es de origen escocés (Ben en escocés significa montaña, como el Ben Nevis en las Highlands, el Big Ben de London), parece que de un oficial de los que vinieron a España con Wellington durante la guerra peninsular contra el mediterráneo corso Napoleón. Las raíces madrileñas de mi madre vienen de su bisabuelo, José García-Otero, que fuera ingeniero jefe del Canal de Isabel II, cuando se hizo la canalización del agua a Madrid a mediados del siglo XIX. Mi madre que hasta mi nacimiento, estuvo en la Librería Aguilar de la calle Goya casi esquina Velazquez, de Madrid, siempre sintonizo muy bien con mi tío abuelo Manuel Aguilar, y lamentó después las desavenencias empresariales entre mi tío abuelo y mi padre. Pero eso es otra historia.

Tras la guerra mi padre se reincorporó a la Editorial Aguilar, y pronto se convirtió en la mano derecha de su tío Manuel. Durante 25 años trabajaron juntos. Mi tío Manolo (así le llamaba yo) era el creador, el impulsor, el genial editor. Mi padre era el constante, el que cerraba contratos iniciados por el tío, el que ejecutaba sus iniciativas, junto con la tía Rebecca. Los tres y luego el tío Carlos Aguilar formaban el cuarteto familiar de la editorial, hasta la posterior llegada de los demás sobrinos.

José Aguilar ante la sucursal de Buenos Aires, a finales de los años 40

Mi padre abrió a partir de 1947 casi todas las sucursales en los países de habla hispana de América Latina. En todas las capitales latinoamericanas había o sucursales o delegaciones. Incluso en México que entonces no tenia relaciones con el gobierno del régimen de España, mantenía el reconocimiento de la IIª República Española, y hospeda a la gobierno de la Republica en el exilio. Y México siguió así hasta la restauración monárquica, y la autodisolución del gobierno de la República en el exilio en 1977, tras las elecciones generales en España. Aguilar de México tuvo después bastante relavancia.

José Aguilar en su despacho de México, en 1955

Mi padre fue además el co-director del los Atlas Aguilar, los primeros atlas civiles en español. Fue el instigador de la colección de Premios Nobel, que tantos éxitos dio a la editorial. Estuvo involucrado en la Colección de Ciencias Sociales, que publicó a Samuelson, Myrdal, Ricardo, Adam Smith, Wilkinson entre otros, colección que dirigían Manuel de Torres, Valentín Andrés y José Luis Sampedro, catedráticos de la nueva Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de la Universidad Complutense de Madrid, la primer a de España. Negoció muchos contratos difíciles, como con los herederos de Blasco Ibañez en Niza, y los de García Lorca con las hermanas en Nueva York. Allí también intimó con Anita Young, la directora de la principal distribuidora de libros americanos en inglés en Europa, de Helsinki a Lisboa. Anita que luego se retiraría en una casa nuestra en Ibiza, fue anfitriona civil de algunos de los miembros de la delegación española que acudió por primera vez a Naciones Unidas, en 1955, tras la aceptación de España, Alemania y varias otras naciones no fundacionales de la ONU en la organización internacional. Fruto de tantos viajes a América, – y ante la decadente situación de España, sus instituciones y su economía, incluso ya sin divisas, ni para pagar las importaciones de gasolina para los tanques y coches oficiales del régimen, que abocarían a la petición de rescate del FMI a finales de los años 50- , mi padre quiso abrir una sucursal de la editorial en Brasil, para cubrir escritores brasileños y lusos, además de traducir a los escritores universales, siguiendo el mismo modelo de las colecciones en papel biblia en español de la editorial. No solo mi padre quería poner mar por medio y vivir con más libertad. Muchos españoles de todas clases emigraban al centro de Europa y otros a las Américas. Manuel García Pelayo, el jurista constitucionalista que no podía ejercer su cátedra en España, con quien mi padre se habían construido dos chalets pareados, en los Altos del Hipódromo, que Fernando Bello les construyó cerca del estadio del Real Madrid , el Bernabeu, y junto a quien crecí yo hasta mi adolescencia. También decidió irse a Venezuela, donde fundó el Instituto de Estudios Políticos venezolano, y luego a la Universidad de Puerto Rico, antes de regresar a España en 1977, para ser elegido el primer presidente del Tribunal Constitucional de la Constitución de 1978.

Manuel Aguilar tenía por entonces en 1958, 70 años, y poco ánimo para embarcarse en una nueva empresa editorial. Aquella desavenencia empresarial, que terminó con la salida de mi padre de la Editorial, y su marcha a Brasil para crear su propio sello editorial para el mercado luso-brasileño, tuvo graves repercusiones familiares. Quizás la mayor para mi, visto mi propia trayectoria vital. El tío Manolo le dijo a mi padre que con aquella decisión, quizás el mas perjudicado sería, yo. Mi madre, que no era partidaria de aquella ruptura familiar, me lo relató años después. Tampoco parece que la tía Rebecca, hiciese mucho por retener a mi padre, que entonces era el evidente segundo de abordo. Tras la marcha de mi padre, los primos de mi padre mas jóvenes, además de Carlos Aguilar y sobrinos de Manuel Aguilar, fueron incorporándose a las tareas de la editorial, y a su vez los tíos adoptaron una niña pequeña, como futura heredera, para disipar aspiraciones de los otros sobrinos. A mi aquellas desavenencias familiares, serían las que mas tarde me inclinarían, no solo a seguir mi propio camino, sino a inclinarme más por el lado institucional que el empresarial en mi actividad profesional. Mi padre a los 44 años, a partir de 1958 siguió su propio camino con el bagaje que ya tenia de la editorial que fundara el tío, como el tío había hecho su propio camino como editor, y yo he hecho mi propio camino como economista. Es parte del sello genético Aguilar. También el primo de mi padre Manuel Aguilar González, hizo lo propio al irse a Naciones Unidas como traductor, y lo han hecho sus hijos Carlos y Manuel Aguilar Hendrickson, primos segundos míos. Y su propio hermano Carlos Aguilar González, que llevo la empresa editorial a la quiebra en 1986, en parte por haberse hecho médico cirujano, mientras estaba el frente de una gran empresa.

Fundó mi padre en Brasil, la Editora José Aguilar Ltda., en Río de Janeiro, con sucursal en Lisboa. Editó en colecciones de papel biblia y encuadernaciones de cuero, como las ediciones en lengua castellana, a los principales escritores clásicos portugueses y brasileños, entre otros a Camoes, Eça de Queiroz, Castelo Branco, Pessoa, a Machado de Asís, a Alencar, a Rui Barbosa, a Euclides da Cunha, Meirelles, Vinicius de Morais, a Jorge Amado. Tradujo al portugués a autores universales, desde luego incluido Cervantes. Pero en Brasil se leía poco, la inflación era galopante, y la ediciones Aguilar eran costosas, con poca contribución la Academia Brasileira de la Letras. La Editorial, pese al gran prestigio que tenía, en aquellos años de democracia en Brasil y de la construcción de Brasilia por Lucio Costa y por Oscar Neimeyer durante el mandato del presidente Juselino Kubicheck, sobrevivía duramente. Mi padre no quiso asociarse con O Globo de Marinho, que luego creo un gran imperio mediático y años más tarde la editorial lusobrasileña fue vendida al destacado político brasileño Carlos Lacerda, como Nova Aguilar, y Nova Fronteira, que hoy siguen operativas con sus hijos y nietos.

Con la expansión americana de Aguilar en las repúblicas de America Latina, incluida Brasil, los editores Aguilar, tío y sobrinos, fueron pioneros a lo que hoy día hacen el Banco Santander, Telefónica, Repsol y otras empresas españolas en busca de mercados fuera de España y del resto de Europa en recesión. Como Aguilar en los años 50. Pero ahora se cuenta con la labor de los Institutos Cervantes en Brasil y EE.UU. y la cobertura de los acuerdos de cooperación de la UE con Latinoamérica y el Caribe.

De regreso a España en 1963 mi padre dirigió la Editorial Codex S.A., sucursal de la casa matriz argentina y a su vez concesionaria de la italiana Agostini de Milán. Codex fue la primera en la distribución del libro por fascículos en los quioscos y por suscripción que tuvo un gran impacto cultural. Obras con gran formato y colorido. Eran fascículos coleccionables de todos tipos, desde las pinacotecas, los museos de todo el mundo, a las guías médicas, e históricas y diccionarios. De producción propia salieron los primeros volúmenes gráficos sobre la Guerra Civil Española, con versiones de los dos bandos. Se prepararon en Buenos Aires y en Madrid. Yo me llegué a implicar en esta edición tanto en Buenos Aires como en Madrid sobre todo con los recortes que querían imponer la censura de Fraga y Robles Piquer. Aún así salió una edición memorable, única para la posterior reconciliación de las dos Españas, y la salida de la dictadura. Y fui durante un tiempo secretario del consejo de administración de la editorial Codex, hasta que tuve que optar, a petición de mi padre, entre seguir en la editorial o terminar mi carrera universitaria de economista. Elegí lo segundo, y volví a determinar mi camino. Mi padre siguió al frente de Codex hasta su cierre, por quiebra de la matriz argentina.

En 1973, siendo yo economista del Fondo Monetario Internacional, mi padre me visitó en Washington donde fue a negociar los derechos de edición del National Geographic Magazine en español y en portugués. Pero también quería algo de mí. Me propuso que me pusiera al frente de una nueva editorial Aguilar USA, para el incipiente mercado hispano parlante de Estados Unidos, que ya alcanza 34 millones de ciudadanos americanos. Yo, que entonces vivía intensamente todo lo que pasaba en Washington, y el FMI, con la primera gran crisis del petróleo, la creación de la Comisión Trilateral por David Rockefeller, el fin de patrón otro y la devaluación del Dólar, los Smithonian Institution Agreements, la guerra del Vietman, las marchas anti.Vietnam, que lideraba John Kerry, la sesiones del “impeachment” de Nixon por el Watergate, las clases que daba en la George Washington University, además de la creciente importancia de mi tarea en el Fondo para España. Le dije a mi padre que no. Fue el segundo no. Quizás hoy dirigiría una gran editorial y varias televisiones en los EE. UU. No me arrepiento. Seguí mi camino, que aunque con la cultura familiar del tío Manolo y de mi padre, no era el de ser editor como ellos. También quise estar mas cerca de otros cosas importantes que estaban pasando de mi generación, como la música, Woodstock, los Doors, con Jim Morrison al frente, el movimiento” Hippy”. Cuando luego me fui a Palo Alto en California, viví el nacimiento del Silicon Valley, la cibernética, sobre la que había preparado mi tesis doctoral, y el nacimiento de Internet de Kahn y Ceff, mientras yo estaba en Stanford University. Opté por vivir lo de mi generación, no la de mi tío y mi padre, pero apreciando lo que ellos hicieron y me legaron. Yo no hice crecer la semilla de Aguilar USA, que me padre quiso plantar en EE.UU.

En los 1980, el editor José Aguilar, después de haber estado muy próximo de las iniciativas de Jesús de Polanco, Francisco Pérez González (Pancho) y José Ortega Spottorno en la fundación de El País, Prisa, Santillana y otras editoriales, mi padre aceptó la dirección de la Editorial Civitas S.A., la mas importante de legislación jurídica en España, presidida por Eduardo García de Enterria, el catedrático administrativista por excelencia.

Cuando en 1986, la Editorial Aguilar llegó a la suspensión de pagos, por la deuda de las sucursales americanas y la mala gestión en España, Jesús de Polanco y Francisco Pérez
compraron la editorial, e intentaron rehabilitarla y rentabilizarla. Crearon ElPaís-Aguilar e incorporaron Aguilar a Santillana. Para ese desarrollo posterior parece que contaban con mi padre, para eventualmente presidir la Editorial Aguilar. Nuevamente mi padre intentó paternalmente ficharme. Estaba yo entonces en Bruselas, en la Comisión Europea, donde había ganado por oposición-concurso de meritos, el primer puesto de Jefe de División que ocupaba un español tras la incorporación de España de la UE. La Editorial Aguilar, como otras, quedo integrada a Grupo Prisa-Timón.

Con mi tarea en la Comisión Europea, la oficial, al frente de la División de Cooperación con el Caribe y los territorios atlánticos europeos, y la extraoficial, articulando la incorporación de la Peseta al Sistema Monetario Europeo, SME, que luego permitió la entrada de España en el Euro, no estaba yo dispuesto a regresar a Madrid, para gerenciar la Editorial Civitas y eventualmente seguir a mi padre al frente de una editorial Aguilar, de la que ya mi familia no era mas que propietaria minoritaria. Fue el tercer no a mi padre. Pero esta vez lo sentí más, y tuvo mayores repercusiones para mí. Mi padre falleció, de una operación que parecía sin riesgo, a los pocos días de haber dejado de la dirección de la Editorial Civitas, el día de todos los santos de 1987, en plena crisis financiera internacional. Perdí a mi padre, me quede con una madre casi inválida, y una hermana en el Parlamento Europeo, que no estaba por dejar su labor. Dos años después, tras la presidencia española de la UE y tras la revolución rusa de 1989, tuve que pedir una larga excedencia personal, para ocuparme de mi madre y de la herencia de mi padre. No me plantee reconstruir una editorial, aunque quizás hubiese debido. Civitas pasó al grupo alemán Berlsterman y luego a Thomson-Reuters-Aranzadi. Pero una fundación cultural internacional Aguilar sigue siendo una tarea pendiente.

El matrimonio Aguilar junto a su sobrino José Aguilar con su esposa, Rosa de Ben, en 1945

Mi padre fue editor toda su vida, desde los 19 años hasta su muerte a los 75, excepción de los años de la guerra civil española. Su labor ha quedado desperdigada, pero aunque no tan emblemática como la de del tío Manuel Aguilar, ni con la tan atractiva personalidad que el tío tenía, es quizás la más completa de todos los Aguilar de primero o segundo apellido que han sido editores.

El ex libris del editor José Aguilar fue “Más Alto”.

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20 comentarios en “José Aguilar, el editor

  1. Una semblanza sobrecogedora.Realmente intima,por momentos se siente uno atrapado en esas decisiones de familia, que a la postre condujeron a que desapareciera la vena Librero-Editor, mas importante de la españa del S. XX, la de los AGUILAR!

  2. busco a carlos aguilar gonzalez, librero- editor al que conocí hace muchos años y aún recuerdo con afecto.Soy maria gracia rodriguez daimiel.Me gustaria verlo , hablar con él, encontrarlo…No sé su papel en la editorial pero sé que la valoraba mucho y singularmente a su tío don manuel aguilar.Si lees este comentario o al guien te habla de él , llámame carlos.Mi telefono es 91 3100817.

    • Carlos Aguilar González falleció en el 2001 más o menos según me comentó un antiguo compañero de Aguilar. Tenía una empresa con ortros socios dedicada al aprendizaje de aviación en cuatro vientos. Era una escuela.

      • Conocí a Carlos Aguilar González en 1950 yo era una niña de 9 años y continúe su amista hasta 1983. Era un hombre cultisimo no paraba de estudiar ,y tenía 4 o 5 carreras, la última vez que le vi estaba estudiando medicina. .
        Tocaba maravillosamente el piano ,y le recuerdo con mucho cariño

  3. Yo tyrabaje muchos años en la Editoeial Aguilar, y conocí a la familia Aguilar, y en especial a Luis de Ben Perez, ya que eramos vecinos de barrio.

  4. Sólo una pequeña corrección: los hijos de Manuel Aguilar González somos Manuel Aguilar Hendrickson y David (Carlos) Aguilar Hendrickson. Nunca he utilizado mi segundo nombre que, de hecho, desapareció unos años de mi DNI, hasta que en una renovación un diligente funcionario me lo recuperó.
    Ha sido muy interesante leer la historia de una parte de mi familia de la que apenas tenía noticias, aunque aquí he recibido con tristeza la noticia de que mi tío Carlos ha fallecido.

    • Estimado Sr. Aguilar:
      Para mi es una alegría muy grande encontrarme su mensaje en el blog. Durante siete años me dediqué a recopilar información sobre la editorial para que toda la gran labor que realizó no quedara en el olvido. Después de mucho trabajo, conseguí contactar con algunos familiares suyos, que enseguida pusieron a mi disposición sus vivencias y recuerdos, pero lamentablemente no di con ustedes. Alguien me comentó que su padre estaba en Málaga pero no pude continuar. Incluso llegué a leer un artículo suyo hablando de sus orígenes, pero es lo más que conseguí. Si usted no tiene inconveniente me gustaría mantener contacto para poder actualizar la poquita información que encontré de su padre.
      Espero sus noticias.
      Saludos.
      María José.

  5. Resulta curiosa la coincidencia de los centenarios de tantos editores importantes: Ignacio Agustí, Joan Teixidor, José Janés… ¿Será acaso el 13 el número de la suerte de los editores?
    Gracias una vez más por tan espléndidos textos.

  6. Felicidades por el “blog ” y por el interesantísimo artículo sobre la trayectoria de su padre como editor.
    He podido consultar muchas veces la “Crónica de la Guerra Civil Española ” de Codex y me parece una obra completísima.Eso sí ,siempre me ha intrigado mucho saber quienes escribieron los textos porque en los fascículos no se hacía ninguna referencia a los autores.
    Gracias de nuevo y un saludo
    Javier alvarez

  7. Conocí a Carlos Aguilar González en el año 1949, en el picadero de Mary Torres en la calle Argentina de Madrid. Fuimos amigos durante muchos años, compartíamos afición por los caballos y la música, el era un excelente pianista, pasado el tiempo yo me casé y fuimos distanciado nuestros encuentros. La última vez que le vi fue en 1984, estaba estudiando la carrera de medicina, para unirlas a las otras que ya tenía.
    La noticia de su muerte ha sido un motivo de tristeza, era un gran amigo y una persona muy singular. Descanse en Paz.

  8. Acabo de hablar hace unos días con la autora (soy cliente desde hace tiempo de la librería Prado) y ,aunque conocía la existencia del libro sobre Aguilar, no le había ojeado hasta ese día que aludo. Conocí a José Aguilar Samper en la última de sus etapas librescas,pues entré a trabajar en Editorial Civitas en el año 1981 y permanecí hasta el 83; era mi primer trabajo y mi función era la de corrector de pruebas y supervisor de las tres revistas de derecho que publicaba la editorial ( Financiero, Administrativo y del Trabajo). Estabamos instalados en unos bajos de la calle Grúcer (hoy Ignacio Ellacuría), por la zona de Ventas (metro Carmen) y guardo buenos recuerdos de mi paso por allí. El sr. Aguilar, pese a su edad, siempre aparecía antes de las ocho de la mañana a hacer su labor de director y pronto comenzaba a dar trabajo a sus secretarias (Mari Carmen y Anita); seguidamente pasaba a saludar o llamaba al jefe de producción (José Solana Matilla) para iniciar la actividad. El sr. Solana había tenido una dilatada actividad editorial y política y allí terminaría sus días en el año 84 víctima de un cáncer de pulmón; fué mi mejor amigo en la editorial y pasábamos largos ratos hablando de libros (me prestó libros de Thomas Mann ) y algunos fines de semana nos íbamos a la sierra con otro de la editorial (Félix),a pesar de casi treinta años de diferencia.seguiré informando…

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