Breve historia de una editorial

1923 fue un año enblemático en la vida de Manuel Aguilar y en la historia de la edición española. Ese año supuso para él un gran reto. Casi sin recursos, decidió lanzarse al mundo editorial y crear su propio sello en Madrid, en la calle Marqués de Urquijo 39.

Sus comienzos no fueron fáciles, pero gracias a su empeño pudo seguir adelante. Para su primer libro eligió la traducción de la trilogía del afamado astrónomo francés Camile Flammarion, titulada La muerte y sus misterios, ya que estaba seguro de que dicha obra sería un total acierto y rápidamente le reportaría beneficios para poder seguir editando. Y así fue, la edición se agotó en seguida.

flammarion

Hasta la llegada de la guerra, el fondo editorial de esta primera época se caracterizó por dos claras vertientes: las colecciones basadas en traducciones de obras precedidas por el éxito fuera de nuestras fronteras; y los títulos divulgativos, enfocados hacia un lector más especializado. Casi una treintena de colecciones vieron la luz, destacando por encima de todas Obras Eternas y Colección Joya, basadas en su gran idea de editar obras completas de autores clásicos o reconocidos, en volúmenes con todo lujo de detalle a un precio asequible y para ello, su gran acierto, elegir el papel biblia para imprimirlas. En esta etapa también destacaron los cuentos de Elena Fortún que narraban las vivencias de una niña llamada Celia, y que hoy en día se han convertido en todo un clásico de la literatura infantil.

En 1936, Manuel Aguilar contaba con una editorial, un taller de encuadernación y una imprenta. Sus colecciones marchaban a buen ritmo; sin embargo, con la llegada de la guerra, todo eso cambió. En sus memorias, resume esta etapa con la siguiente frase: «Mi obra, tan laboriosamente levantada, se vino al suelo, como la de otros millares y millares de españoles».

A finales de 1936, su empresa fue incautada por la CNT, pasando a convertirse en un mero empleado. Con la editorial desmantelada, la imprenta ocupada y los libros almacenados, Aguilar decidió iniciar su faceta de librero; su esposa Rebecca se puso al frente de un establecimiento de la calle Recoletos y el montó su segunda librería en la calle Serrano. Vendieron libros y agotaron algunas de las colecciones, mientras que otros libreros optaron por reservar sus fondos para sacarlos una vez finalizada la guerra.

El fin de la guerra supuso un nuevo reto. Prácticamente lo había perdido todo pero animado por su esposa decidió reanudar su editorial. Gracias a su experiencia anterior y a tener un sello editorial acreditado, consiguió el dinero necesario para volver a empezar. Todo el trabajo y el esfuerzo iniciado años antes había que reestructurarlo. Situado en un nuevo local, en la calle Goya, que a la vez hacía las funciones de librería y sede editorial, revisó su catálogo, dándose cuenta de que la mayoría de las colecciones estaban desfasadas.

Su proyecto más inmediato se centró en la continuidad de Obras Eternas y Joya, que tan buenos resultados le habían aportado en la etapa anterior, por lo que en 1940 reeditó los volúmenes de Cervantes, Palacio Valdés, Pereda y Santa Teresa, y comenzó a preparar las ediciones de Benito Pérez Galdós y Benavente. Esta vez el editor tuvo suerte. En una época en la que las restricciones de papel dificultaban la impresión de libros, Manuel Aguilar apostó por el papel biblia, papel que no tenía restricciones y a partir de aquí, su historia ha quedado plasmada en cientos de volúmenes que reúnen un extenso y selecto fondo editorial, agrupados en colecciones como Crisol, Crisolín, Biblioteca Premios Nobel, Colección Lince y Biblioteca de Autores Modernos, entre otras.

Los títulos se agotaban nada mas publicarse gracias a los agentes de ventas que viajaban por toda España llevando su sello editorial.

Todo el mundo quería comprar sus libros y exhibirlos en las casas por el mero hecho de estar editados por Aguilar. Sus competidores no tardaron en copiar la idea. Así, editoriales como Biblioteca Nueva, Plaza & Janés, Juventud, Afrodisio Aguado y Planeta se lanzaron a imitarle.

Desde mi experiencia como librera, puedo decir que siguen apareciendo bibliotecas que conservan intactos los tomos, manteniendo el precinto de celofán que los envolvía. El propio Manuel Aguilar llegó a comentar que los carpinteros se habían visto obligados a fabricar muebles con estantes especiales para albergar sus colecciones.

En 1944 estableció su nueva sede en la calle Juan Bravo, 42, donde mandó construir el edificio Aguilar, vacío hoy en día, tras cerrarse la última librería de la cadena Crisol.

Edificio Aguilar

Durante más de cuatro décadas, su fondo se fue renovando gracias a las numerosas colecciones. Nunca fue partidario de la publicación de novelas modernas, por lo que se permitió el lujo de rechazar la publicación en castellano del gran best-seller del momento: Lo que el viento se llevó.

Como recuerdo de toda esta larga historia hoy nos queda la única colección que todavía sigue viva: “los crisolines” que este año alcanza su número 075 con el volumen dedicado a Carlos Fuentes, La muerte de Artemio Cruz; además de las palabras de una de las personas que durante muchos años permaneció al lado del editor, Arturo del Hoyo, que de esta forma expresaba lo que supuso la mítica editorial: Es raro hoy el hogar español con libros en que no haya alguno editado por Aguilar, y es rara la librería o biblioteca de la América hispana sin libros de Aguilar. Así pueden resumirse, en parte, la labor y los méritos de don Manuel Aguilar. Su nombre y su sello editorial han llegado a los más apartados rincones.

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8 comentarios en “Breve historia de una editorial

  1. Magnifico sera tu aporte para quienes, como yo, hemos coleccionado esas obras del arte editorial. Esperaremos cuando nos llega a Colombia.

  2. Gran idea la de dar a conocer la historia editorial de España, que es también la historia cultural y económica del país. He estudiado a fondo este tema y me parece muy bien que se difundan estas cosas, son muy interesantes.

    • Estimada Raquel, he leido algunos de sus obras y conozco su interés por las editoriales de esa época, aunque cuando preparaba el libro no pude contactar con usted. Como bien sabe, existía un gran vacío sobre la Editorial Aguilar, pero al final, con mucho esfuerzo, creo que con mi libro he cubierto un periodo importante en lo que se refiere a la historia de la edición española, ya que también hablo de otras editoriales como la SGEL, Espasa Calpe y Biblioteca Nueva. Espero que a partir de ahora, estemos en contacto. Saludos. María José.

  3. Buenas noches/días/tardes. Tengo una duda que seguramente me podrá resolver. En una librería encontré algunos tomos, nuevos, al parecer, de la colección Grandes Clásicos, de Aguilar. Son tomos no muy grandes, de miles de páginas, editades en México, 1991 (la librería es de México). Quiero conseguirlos, pero me preocupa que sean los editados por RBA, que poseen mala fama por su calidad, y que fueron publicados en los Kioscos de España.
    De conocerlos, ¿cuál es la calidad de los que menciono?
    Otro detalle, que no debe obviarse: los de RBA eran “Obras completas”. Estas son “Obras escogidas” y no traen toda la producción literaria de los autores. Por ejemplo, con Dickens son tres tomos, sin incluir David Copperfield.
    Gracias de antemano.

    PD: Entre las que vi estaban: Tolstoi (tres tomos), Dickes (tres tomos, aunque sólo está el dos), Lorca (tres tomos), Amado Nervo (dos tomos), Lope de Vega (tres tomos), Wilde (un tomo), Moliere (lo desconozco), Dostoievski y Goethe en cuatro tomos.

    • En relación a su consulta, tanto la colección editada en México como la publicada por RBA son ediciones bastante tardías realizadas por los nuevos propietarios de la editorial, y bastante alejadas de la esencia primitiva. Respecto a su calidad, evidentemente es muy inferior a las primitivas de Aguilar. Además, sobre todo en el caso de RBA, no se respetaron los autores ni lo contenidos, alterándose los volúmenes.
      En mi caso, ambas publicaciones me limito a citarlas ya que no forman parte del estudio que realicé.
      Saludos.

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